jueves, 29 de diciembre de 2011

Untitle - Capitulo II


                                                                                        UNTITLE                                                                                        
     
CAPITULO II : LUCA



          - ¿Nombre? - la voz de la mujer era seca, distante y el lápiz en su mano escribía como llevado por la inercia.


      - Elena Mariè Betrov – respondí de inmediato e intenté decirlo lentamente y pronunciarlo como lo hacía mamá, eso le daba un toque antiguo y extranjero que me gustaba, como sacado de la realeza colonial.

      - ¿Betrov? - dijo como si la palabra le resultara familiar y esperó unos segundos para escuchar mi respuesta.

      - Sí, Betrov, mi padre es el Sr. Gustav Betrov - se lo dije como quién habla de un señor importante, de un gran caballero, olvidando que para ella no era más que el fugitivo que había abandonado a su hija. 

      Luego de esta rápida respuesta su rostro pasó del signo de interrogación a la completa indiferencia.

       - Bien, con esto acabamos el registro – se levantó y abrió la puerta de su escrito - Ahora puede retirarse a su cuarto Srta. Betrov, le aconsejo no causar problemas porque no nos gustan los niños problemáticos.

     Así terminaba la entrevista con la directora del orfanato, ya tenía los datos suficientes como para estar “legalmente inscrita” y como era de esperarse no hubo ninguna mejora en el estándar de vida que llevaba hasta ahora, me incorporé entonces oficialmente a la lista de huérfanos del pueblo.

      Los días pasaban rápido dentro de aquel lugar, ya había pasado una semana desde que el Sr. Knight me dejara con la cuidadora y rápidamente me acostumbre al ritmo de la casa. Al llegar la noche, todos en las habitaciones como en una rutina previamente ensayada nos dirigíamos a nuestros cuartos de la forma más expedita posible, sin gritar ni hacer ruido, para no molestar a los mayores. 

        Un día en especial me sentí más cansada de lo habitual, la cabeza me dolía y no podía moverme bien. Recordé que hace algún tiempo que no sucedía nada anormal a mi alrededor y recordé además aquel chico en el árbol ¿Tendrían relación ambas cosas?, decidí acostarme temprano pero aún así me costó más de lo normal quedarme dormida, y aunque en un comienzo lo atribuí a la gran masa de gente que sobrepasaba cualquier límite dentro de la habitación la verdad era que el rostro de aquel extraño no se salía de mi cabeza.

        Luca, el chico de la mirada apagada, luego de nuestra extraña presentación, se había marchado sin siquiera despedirse y la interrupción de una de las cocineras que llamaba a cenar le dio tiempo suficiente para escapar sin ser descubierto.

      Junto con su magistral huida, las interrogantes que quedaban en el aire eran muchas... ¿Por qué sabía mi nombre?, en el peor de los casos, si estaba muerto, ¿Para qué iba a hablarme? Y es que hasta ahora todos los espíritus que habían llegado hasta mí no emitían palabra, no se comunicaban directamente y mucho menos sabían mi nombre; ellos más bien me miraban con esos ojos extraños, apagados, sin ningún brillo, y eso bastaba para que supiera a lo que venían; pero Luca era diferente, a pesar de no tener esta importante característica él no irradiaba esa atmósfera lúgubre a su alrededor y tampoco había intentado utilizarme como la médium para muertos que había sido hasta ahora. 

       Al final me fue imposible conciliar el sueño, las horas pasaron y vi salir el sol por la fría y húmeda ventana de la habitación que daba hacia el patio – quizá lo estoy sobrevalorando – dije, y me levanté con la firme idea de comenzar un nuevo día. Pasaron las semanas, y nada volví a saber de él, pero no me di vencida de inmediato, me pasaba las tardes sentada en el árbol donde lo vi por primera vez pero nunca más volvió a pasar por ahí, intenté averiguar un poco con mis compañeras de cuarto pero todo era inútil, nadie conocía a un chico con esas características. Comencé a creer que realmente había sobrevalorado el asunto y muy probablemente había sido un alma vagabunda de esas que merodean por aquí y por allá pero que nunca pueden irse de este planeta. 

        De los pensamientos diarios que tenía sobre él, pasó a mi memoria colectiva, y aunque la próxima parada era el inminente olvido, me fue imposible quitarme su imagen de la cabeza, se trasformó en un especie de obsesión saber su real identidad y eso me asustó un poco. El principal problema no era su esencia paranormal, porque esa clase de cosas me persiguen (y perseguirían) como imanes por el resto de mi vida, lo que en realidad sucedía era que a pesar de todos los encuentros extraordinarios que rodeaban mi existencia, y la gran cantidad de espíritus que se habían comunicado conmigo, ninguno merecía la pena ser recordado, ya que ellos en general eran almas inconsolables que llevaban una gran carga emocional encima, pena, rabia, ira y soledad, una mezcla de todo maximizado por su condición de fantasmas, así es que la realidad era que no querían entablar alguna clase de vinculo, yo no pasaba de ser nada más que una simple médium, y aunque comprendía su dolor, ellos eran los únicos con los que podía establecer alguna clase de contacto, pero era inútil, ninguno quería conocerme... hasta que apareció Luca.

       Esta idea se fue desarrollando en mi cabeza cada día con más fuerza sin dejarme tiempo para pensar en nada más, pero no podía permitírmelo, ya habían pasado casi tres mes y como era de esperarse, me obligué a no prestarle más atención al asunto y al final me rendí ante la idea de que nada podía sacar de un fantasma, fuera él u otro, después de todo, era bastante buena dejando pasar las cosas por la vereda de enfrente o esquivando los asuntos que pudieran luego lastimarme.

         Llegó el invierno, y junto con él, el intenso frío, en esos días los chicos comenzaron a salir menos y a dormirse más temprano, mi rutina, a pesar de los grandes vuelcos que había dado mi vida, era la misma de siempre, no me metía con nadie y a todos se les daba muy bien ignorarme por lo que prácticamente me sentía igual que cuando estaba en casa. 

    Un día como cualquier otro, me fui a dormir temprano como lo hacía normalmente, sin embargo, luego de poco rato sentí que la habitación estaba más sofocante que de costumbre, me era difícil respirar y la sensación de mareo frustró mi sueño en pocos minutos. Así pasé toda la noche en vela, moviéndome de un lado para otro sin poder conciliar el sueño. Cuando finalmente salieron los primeros rayos de sol mi ahogo dentro de esas sabanas había llegado a su límite. Salí. Las cuidadoras que ya estaban levantadas no dijeron nada ante mi presencia, mientras no las molestara no me tomarían en cuenta y en aquel momento eso era perfecto para mí.

       Afuera, el frío era como un puñetazo en los pulmones y dolía un poco respirar, pero la belleza del sol saliente llegaba a inundar el bosque de colores únicos y eso compensaba cualquier sacrificio. Sin premeditarlo me dirigí lentamente hacia el árbol donde se había sentado Luca el día que nos conocimos, el tronco torcido formaba un lugar perfecto para descansar y la altura entregaba una vista privilegiada del lugar. 

        Me acomodé a modo de escondite, y esperé allí sentada, ¿Qué esperaba?, no lo sabía realmente, pero pasaron los minutos, las horas, y la paz del lugar era tal, que si prestabas atención sentías el latir de la tierra y el sonido del silencio 

       - Si te quedas ahí te vas a morir lenta y pacíficamente Elena, como un cordero que acepta ser ofrendado - una voz salió desde los árboles y el responsable de ella se acercaba lentamente hacia mí.

       Mi corazón comenzó a latir apresuradamente, tanto que a pesar del frío, sentí como el calor llegaba hasta mis mejillas, tornándolas rojizas.

       - La verdad no tengo tanta suerte - lo dije con trivialidad, ocultando un poco el rostro, y me asombré de lo bien que podía disimular el nudo que se había formado en mi garganta.

       - No resultaría bueno si te mueres, sería problemático para los dos - esta vez la voz se escuchaba mucho más cerca. Abrí los ojos para poder verlo mejor, pero me llevé la sorpresa de que ya se encontraba a mí lado.

       - ¿Por qué actúas como si te importara algo como eso? - se lo dije algo molesta, a pesar de haber pasado más de un mes esperando verlo, ya me había hecho la idea de que eso no sucedería y de que él no era más especial que cualquier otra alma vagabunda, ahora me resultaba incómodo que siendo un extraño me hablara así, preocupándose por mi salud, cuando nadie más lo hacía - sólo soy otra huérfana sin familia a quien nadie recordaría si muriera y para ser sincera te preocupas demasiado por MI vida... cuando no sé si aún conservas la tuya – mis palabras habían sido más directas de los que esperaba, tenía muchas otra que se agolpaban en mi boca sin poder salir, no podía hacerlas porque quizás no quería saber la respuesta que él tenía para ellas.

      Luca sonrió, aunque yo lo vi más como una mueca de ironía. Aproveché el instante para despejar todas las dudas.

        - Oye Luca ¿Tú… estás muerto cierto? - esta vez se lo dije con menos rodeos, él me miró fijamente como queriendo descubrir una intención escondida entre mis palabras sin embargo estoy segura que mi rostro en ese momento no tenía una clara expresión. Finalmente agregó: 

     - Pero mira que saliste directa Elena, me lo dices sin una pizca de delicadeza, como si estuvieras comentando lo lindo del paisaje – luego agregó -, que poco tacto ¿no te parece?

      - Podrías dejarte tú de rodeos y simplemente responder - esta vez lo miré a los ojos, y como lo suponía desde un comienzo, el brillo que buscaba no estaba allí.

       - Esta bien, tranquila, no es necesario que te enojes - se acercó lentamente hasta quedar a menos de un centímetro de mi oído y susurró - Puedo explicarte todo en estos momentos si así lo quieres.

        Sentí su tibia respiración y el leve calor de su cuerpo, esto indirectamente me dio ánimo para responder:

       - Eso mismo quiero, una explicación, y evita los acertijos conmigo, dime la cruda y poco valorada, verdad - Inconscientemente supe que en esos momentos estaba abriendo una puerta, una que nunca más podría volver a cerrar. 

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